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sábado, 3 de agosto de 2013

FORMAS DE MANIPULAR LA OPINIÓN DE LOS DEMÁS

Cinco falacias comunes. 
No se deje engañar por ellas

“QUE nadie los engañe con palabras vacías.” Este consejo se dio hace casi dos mil años y sigue siendo tan oportuno como siempre. Hoy día se nos bombardea por todas partes con lenguaje persuasivo: las estrellas de cine lo utilizan para ofrecer productos de belleza, los políticos para promover sus ideas, los vendedores para promocionar sus artículos y los clérigos para exponer su doctrina. Con demasiada frecuencia el lenguaje persuasivo resulta ser engañoso, poco más que palabras vacías. Sin embargo, la gente en general se deja engañar por él con facilidad.
Eso suele ocurrir cuando la gente no distingue entre una verdad y una falacia. Los estudiantes de lógica utilizan la palabra “falacia” para describir todo aquello que se aleja del razonamiento lógico. En otras palabras, una falacia es un argumento engañoso o erróneo en el que la conclusión no se infiere de proposiciones anteriores o premisas. No obstante, como las falacias suelen apelar a las emociones, y no a la razón, pueden ser muy persuasivas.
Un factor clave para que una falacia no nos engañe es conocer cómo opera. Por eso, y a fin de agudizar la “facultad de raciocinio” de la que Dios nos ha dotado (Romanos 12:1), examinemos cinco tipos comunes de falacia.

FALACIA NÚMERO 1
Descalificación de la persona


Este tipo de falacia trata de refutar o poner en duda un argumento o declaración perfectamente válido por medio de descalificar a la persona que lo presenta.
Consideremos un ejemplo que aparece en la Biblia. En cierta ocasión Jesucristo intentaba informar a otros acerca de su venidera muerte y resurrección. Aunque se trataba de conceptos nuevos y difíciles de entender para sus oyentes, hubo quienes, en lugar de sopesar la solidez de las enseñanzas de Jesús, quisieron desacreditarle diciendo: “Demonio tiene, y está loco. ¿Por qué le escuchan?”.
Juan 10:20: "Muchos de ellos decían: “Demonio tiene, y está loco. ¿Por qué le escuchan?”"
Hechos 26:24, 25: "Ahora bien, mientras él decía estas cosas en su defensa, Festo dijo con voz fuerte: “¡Estás volviéndote loco, Pablo! ¡El gran saber te está impulsando a la locura!”. Pero Pablo dijo: “No estoy volviéndome loco, excelentísimo Festo, sino que expreso dichos de verdad y de buen juicio"

¡Qué fácil es tachar a alguien de “estúpido”, “loco” o “inculto” cuando dice algo que no queremos oír! Una táctica similar es la de desacreditar a la persona de una forma sutil e indirecta. Algunas expresiones comunes con las que de forma sutil se trata de descalificar a la persona son: “Si usted de verdad entendiese el asunto, no opinaría así”, o: “Usted cree eso solo porque le han dicho que debe creerlo”.

No obstante, aunque los intentos —directos o indirectos— de descalificar a la persona pueden intimidar y persuadir, nunca refutan lo que se ha dicho. De modo que no se deje engañar por esa falacia.


FALACIA NÚMERO 2
“Lo dicen los expertos” 


Esta forma de intimidación verbal consiste en tomar como base las declaraciones de los llamados expertos o gente famosa. Por supuesto, es natural que busquemos el consejo de personas que saben más que nosotros sobre un tema específico, pero no toda afirmación fundada en lo que dice cierta autoridad se basa en razonamiento lógico.
Supóngase que su médico le dice: “Usted tiene paludismo”, y usted le pregunta: “¿Cómo lo sabe, doctor?”. ¡Qué irrazonable sería que él le dijese: “Mire, yo soy médico y sé mucho más de estas cosas que usted. Créame, usted tiene paludismo”! Aunque es probable que su diagnóstico sea acertado, afirmar que usted tiene paludismo solo porque él lo dice es un razonamiento falaz. Sus palabras tendrían mucho más peso si le presentase hechos: sus síntomas, los resultados de los análisis de sangre y otras pruebas similares.
Otro ejemplo de personas que se respaldaron en la opinión de los expertos para intimidar a otros se registra en Juan 7:32-49. En estos versículos se explica que se envió a oficiales para que arrestasen a Jesucristo, pero estos quedaron tan impresionados por su enseñanza que en lugar de arrestarle, dijeron a sus superiores: “Jamás ha hablado otro hombre así”. La respuesta de los enemigos de Jesús fue: “Ustedes no se han dejado extraviar también, ¿verdad? Ni uno de los gobernantes o de los fariseos ha puesto fe en él, ¿verdad?”. Observe que no hubo el más mínimo intento de refutar la enseñanza de Jesús, sino que en lo único que se fundaron los líderes judíos para que nadie hiciese caso de lo que Jesús decía fue en su propia autoridad como “expertos” en la ley de Moisés.
Es curioso que a los clérigos de hoy se les ve recurrir a tácticas similares cuando no pueden probar con la Biblia enseñanzas como la Trinidad, la inmortalidad del alma y el fuego del infierno.
La publicidad también suele respaldar el valor de los productos que ofrece recurriendo a la débil falacia de que eso es lo que aconsejan los expertos. Es común que ciertas celebridades hablen sobre temas que no tienen nada que ver con el campo que ellos dominan: un famoso jugador de golf quizás aconseje la compra de cierta fotocopiadora; puede que un futbolista profesional promocione frigoríficos, o que un gimnasta olímpico recomiende cierto tipo de cereal para el desayuno. Muchas personas no se detienen a pensar que probablemente tales “autoridades” sepan poco, o quizás nada, sobre los productos que ofrecen.
Dése cuenta también de que incluso los que sí son verdaderos expertos pueden, al igual que todas las demás personas, tener sus propios prejuicios. Un investigador con grandes credenciales puede afirmar que fumar no perjudica, pero si esa persona trabaja para una compañía tabacalera, ¿no resulta sospechoso su testimonio de “experto”?



FALACIA NÚMERO 3
“Todo el mundo lo hace” 


Con esta falacia se apela a las emociones, prejuicios y creencias populares. Por lo general la gente no quiere ser diferente. Tendemos a acobardarnos ante la idea de expresarnos en contra de alguna opinión generalizada. Esta tendencia a dar por sentado que la opinión de la mayoría es acertada se utiliza con mucho éxito en relación con la falacia de “todo el mundo lo hace”.
Por ejemplo, en una revista estadounidense muy conocida aparecía un anuncio en el que se veía a varias personas sonrientes con un vaso de ron en la mano. El eslogan publicitario era: “Esta es la realidad. Por toda América la gente se está pasando al ron...”. Una manera obvia de apelar al “todo el mundo lo hace”.
Pero el que haya personas que opinen o hagan cierta cosa, ¿significa que usted deba imitarlas? Además, la opinión popular no es una regla confiable para medir la verdad. A lo largo de la historia se ha dado aceptación general a un sinfín de ideas que con el tiempo han resultado falsas. Sin embargo, la falacia de “todo el mundo lo hace” persiste, y con esa consigna se insta a la gente a tomar drogas, cometer adulterio, robar a sus patronos y defraudar al fisco.
Sin embargo, la verdad es que no todo el mundo hace esas cosas, y aunque sí las hiciesen, eso no sería razón para que usted imitase su comportamiento. El consejo que aparece en Éxodo 23:2 es una buena regla general de conducta: “No debes seguir tras la muchedumbre para fines malos”.



FALACIA NÚMERO 4
Solo hay dos alternativas


Con esta falacia se reduce a solo dos lo que podría ser una amplia gama de opciones. Por ejemplo, a una persona se le puede decir: “Si no acepta una transfusión de sangre, morirá”. Debido a su obediencia al mandato bíblico de ‘abstenerse de sangre’ por cualquier vía, los testigos de Jehová tropiezan muchas veces con este tipo de razonamiento. 
Hechos 15:29: "que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas, y de fornicación. Si se guardan cuidadosamente de estas cosas, prosperarán. ¡Buena salud a ustedes!”
 ¿Dónde está el fallo de esta forma de razonar? En que excluye otras posibilidades válidas. Los hechos muestran que existen tratamientos alternativos y que la mayoría de las operaciones pueden llevarse a cabo con éxito sin sangre. Hay cirujanos muy capacitados que consiguen que los enfermos solo pierdan una cantidad mínima de sangre. También existe la posibilidad de utilizar fluidos no sanguíneos para expandir el volumen del plasma. Además, hay muchas personas que han aceptado transfusiones de sangre y han muerto, y muchas otras que las han rechazado y siguen viviendo. Así que la falacia de que solo hay dos alternativas no tiene ningún fundamento.
Por lo tanto, cuando se le diga que tiene que decidir entre dos opciones, pregúntese: “¿Es cierto que solo existen dos alternativas posibles para elegir? ¿Pudiera haber otras?”.


FALACIA NÚMERO 5
Simplificación excesiva

 
Esta falacia consiste en pasar por alto aspectos pertinentes a la hora de hacer una afirmación o presentar un argumento, simplificando así en exceso lo que puede ser un tema complicado.
Por supuesto, no hay nada malo en simplificar un tema complejo —los buenos maestros lo hacen constantemente—, pero a veces se simplifica tanto que se llega al punto de distorsionar la verdad. Por ejemplo, uno pudiera leer: “La pobreza que existe en los países en vías de desarrollo se debe al rápido aumento de población”. Esta afirmación tiene algo de verdad, pero pasa por alto otros aspectos importantes, como la mala administración política, la explotación comercial y los factores climatológicos.
La simplificación excesiva ha resultado en muchos conceptos erróneos relacionados con la Palabra de Dios, la Biblia. Considere, por ejemplo, el relato de Hechos 16:30, 31. Allí se dice que un carcelero formuló una pregunta acerca de la salvación. Pablo respondió: “Cree en el Señor Jesús y serás salvo”. Muchos han concluido de estas palabras que para salvarse lo único que se requiere es aceptar mentalmente a Jesús.

Esto es una simplificación excesiva. Es cierto que creer en Jesús como nuestro Rescatador es esencial, pero también es necesario creer en lo que Jesús enseñó y mandó, y adquirir un entendimiento completo de las verdades bíblicas, como se pone de relieve cuando a continuación Pablo y Silas “hablaron la palabra de Jehová [al carcelero] junto con todos los que estaban en su casa”. (Hechos 16:32.) Además, para ser salvo también hace falta obediencia. Pablo lo mostró más tarde cuando escribió que Jesús “vino a ser responsable de la salvación eterna para todos los que le obedecen”. (Hebreos 5:9.)

Un proverbio antiguo dice: “Cualquiera que es inexperto pone fe en toda palabra, pero el sagaz considera sus pasos”. (Proverbios 14:15.) De modo que no caiga en la trampa de las falacias, sino que, en especial cuando tenga que ver con algo tan vital como la verdad religiosa, aprenda a distinguir entre una refutación bien fundada de algo que se afirma y los esfuerzos baratos por descalificar a la persona que lo afirma. No se deje engañar por falacias débiles como “los expertos lo dicen”, “todo el mundo lo hace” o “solo hay dos alternativas”, y esté alerta también ante las simplificaciones excesivas. Compruebe todos los hechos o, como dice la Biblia, ‘asegúrese de todas las cosas’. (1 Tesalonicenses 5:21.)

(Extraído de la revista ¡Despertad! de 22 de mayo 1990)

lunes, 11 de febrero de 2013

LOS TRANSGÉNICOS: ¿Qué son alimentos transgénicos?¿Cómo nos afectan?

¿Qué son los Transgénicos?

DEPENDIENDO de dónde viva usted, tal vez haya consumido en el desayuno, el almuerzo o las comidas algún alimento transgénico (modificado genéticamente). Quizás fueran papas con repelente de insectos incorporado, o tomates que tardan en reblandecerse una vez cosechados. En todo caso, es posible que el comestible o ingrediente modificado no se indicara como tal en una etiqueta ni supiera distinto del original.
En este preciso instante se realizan cultivos transgénicos de soja, maíz, colza y papa, entre otros, en la Argentina, Brasil, Canadá, China, Estados Unidos y México. Según cierto informe, “en 1998, el 25% del maíz, el 38% de la soja y el 45% del algodón de Estados Unidos correspondieron a variedades que se alteraron genéticamente, fuera para resistir los herbicidas o para generar sus propios pesticidas”. Se estima que a fines de 1999 había en todo el mundo unos 40.000.000 de hectáreas de plantaciones transgénicas, aunque no exclusivamente de especies alimentarias.
¿Es segura para el consumidor la comida transgénica? ¿Encierran algún peligro ecológico las técnicas empleadas en su obtención? En Europa se recrudece de día en día la polémica que crean tales comestibles. Un manifestante inglés expresó así su repudio: “Mi única objeción a los alimentos modificados genéticamente es que son inseguros, indeseados e innecesarios”.


¿Cómo se manipula genéticamente la comida?
Detrás de la comida transgénica se halla la biotecnología alimentaria, es decir, el empleo de la genética moderna para mejorar las plantas, los animales y los microorganismos utilizados en la producción de comestibles. Sin embargo, la idea de hacer pequeñas modificaciones en los organismos vivos es casi tan antigua como la agricultura y la ganadería. Por ejemplo, el primer granjero que cruzó el toro y la vaca mejores de su manada para perfeccionar la raza, en vez de permitir los apareamientos al azar, hizo una rudimentaria aplicación de esta ciencia. Y el primer panadero que fermentó la masa con enzimas de levadura también empleó organismos vivos para mejorar el pan. Ambos ejemplos de técnicas tradicionales tenían en común la utilización de procesos naturales para manipular el resultado.
La biotecnología moderna también se vale de organismos vivos para elaborar o modificar productos, aunque, a diferencia de los métodos tradicionales, permite alterar el material genético de forma directa y precisa. Con ella se pueden transferir genes entre especies sin el menor parentesco, lo que posibilita combinaciones que difícilmente ocurrirían con los medios tradicionales. Así, los técnicos tienen la opción de implantar en el genoma de un vegetal cualidades de otros organismos; por ejemplo, la tolerancia al frío de algunos peces; la resistencia de ciertos virus a las enfermedades, y la de algunas bacterias del suelo a los insectos.
Supongamos que un agricultor desea que sus papas o sus manzanas no adquieran un color marrón cuando se cortan o magullan. La investigación biotecnológica hace realidad su deseo eliminando el gen que ocasiona ese oscurecimiento y sustituyéndolo por una versión alterada que bloquea el proceso. O imaginemos que un cultivador de remolacha prefiriera plantar antes de tiempo a fin de obtener una mejor cosecha. Normalmente no podría hacerlo, pues se le helaría en tiempo frío. Pero gracias a la biotecnología, que interviene insertando en la planta genes de peces que sobreviven bien en agua fría, se obtiene una variedad transgénica que soporta temperaturas de hasta 6,5 °C bajo cero, más del doble de lo que tolera la remolacha habitual.
Sin embargo, las características conseguidas con la transferencia de genes individuales son de limitada eficacia. Es muy distinto modificar aspectos más complejos, como el ritmo de crecimiento o la resistencia a la sequía. La ciencia moderna todavía no ha logrado manipular grupos enteros de genes, pues, a fin de cuentas, muchos de estos genes aún no se han descubierto.


 Con todo, la modificación genética limitada de los cultivos infunde optimismo en los defensores de la biotecnología, quienes afirman que los transgénicos auguran una nueva revolución verde. Según una de las principales figuras de la industria biotecnológica, la ingeniería genética constituye “un arma prometedora en la lucha por facilitar más comida” a la población mundial, que cada día aumenta en unas doscientas treinta mil personas.
Lo cierto es que tales cultivos ya han contribuido a frenar el encarecimiento de la producción alimentaria. Los laboratorios han fortalecido algunas plantas comestibles con un gen que produce un pesticida natural, eliminando así la necesidad de fumigar hectáreas de terreno con sustancias tóxicas. Entre los transgénicos en preparación figuran leguminosas y cereales con niveles proteínicos muy superiores, algo que representa un considerable beneficio para las regiones más pobres del mundo. Estas “superplantas” podrían transmitir sus útiles nuevos genes y nuevas características a las generaciones venideras, lo que contribuiría a la obtención de cosechas más abundantes en los terrenos poco rentables de algunos países pobres y superpoblados.
“Hay muchas buenas razones para mejorar la situación de los agricultores y ganaderos del mundo —dijo el presidente de una de las principales compañías biotecnológicas—. Y así lo haremos, utilizando la biotecnología para efectuar con moléculas y genes individuales lo que los agricultores llevan siglos haciendo con ‘plantas enteras’. Crearemos mejores productos, que satisfarán determinadas necesidades, y con más rapidez que nunca.”
Pero hay agrónomos que opinan que la premura por impulsar la ingeniería genética a fin de remediar la escasez mundial de comestibles perjudica a las investigaciones sobre los cultivos. Aunque menos llamativos, estos estudios son más eficaces, y también podrían beneficiar a las regiones más pobres de este mundo. “No deberíamos dejarnos arrastrar por estas técnicas no comprobadas cuando existen muchas más soluciones eficaces para los problemas alimentarios”, afirma Hans Herren, especialista en la lucha contra las enfermedades de los cultivos.
(Extracto del artículo "¿Son seguros los alimentos transgénicos?" de la revista ¡Despertad! 22 abril 2000)

Bueno, eso era lo que decía este artículo hace 13 años. Ahora pongamos en consideración lo que dice el siguiente artículo, muy reciente:

El fiasco de los transgénicos durante el 2012


Durante 2012 los transgenicos tuvieron muchos problemas alrededor del mundo.
Aqui un informe de la pagina Verdad Ahora! cuya fuente es un artículo de la investigadora Silivia Ribeiro que escribe para  la Universidad Autonoma de Mexico.

Extractos interesantes del artículo son:
 
Transgénicos y cáncer: Probablemente lo más significativo del año fue la investigación científica dirigida por Gilles-Eric Séralini en Francia, que mostró que ratas alimentadas toda su vida con maíz transgénico sufrieron cáncer, muerte prematura y daños hepatorrenales. Por cierto, con maíz NK603 de Monsanto resistente a glifosato, el mismo que presionan para autorizar en más de un millón de hectáreas en México. El estudio fue el más extenso y completo sobre daños de transgénicos a la salud, lo cual motivó una reacción violenta de la industria biotecnológica, que además de agredir frontalmente, "apoyó" a seudocientíficos para atacar el estudio. En cualquier caso, el estudio mostró que los transgénicos pueden causar graves problemas de salud y que es imprescindible realizar más estudios independientes

Parcialidad regulatoria: El mismo caso puso en evidencia que las agencias reguladoras están coludidas con la industria, ya que el estudio cuestionado repitió el experimento que hizo Monsanto (el mismo tipo de ratas, igual maíz), pero Monsanto interrumpió el experimento a los tres meses, cuando los síntomas más graves comienzan después del cuarto mes. Varias agencias que aceptaron el estudio de Monsanto, cuestionaron el de Séralini, aunque es mucho más amplio y comparable a la reacciones en humanos.

Oposición creciente: La vasta mayoría de la población mundial no quiere transgénicos, una batalla que hemos ganado y seguirá igual, aunque el dinero de la industria compre propaganda, políticos o reguladores. Este año, se aprobó el etiquetado obligatorio de transgénicos en India, Sudáfrica y Turquía. En Brasil, donde ya existía, un juicio obligó a Nestlé a ponerlo en práctica. En California, las multinacionales de transgénicos gastaron más de 45 millones de dólares en campañas mentirosas, para evitar que ese estado aprobara el etiquetado y aún así casi la mitad de los votantes votó por etiquetar los transgénicos. Si son inocuos ¿por qué las empresas no quieren decir que usan transgénicos?

Avalancha tóxica: Los transgénicos usan mucho más agrotóxicos que sus similares convencionales, ya que están manipulados para tolerar gran cantidad de veneno. Por ello dejan hasta 200 veces más residuos de tóxicos en los alimentos, y causan enormes daños ambientales. Como generan resistencia en hierbas invasoras, ahora las empresas hacen transgénicos resistentes al 2-4 D, componente del Agente Naranja usado como arma en la guerra de Vietnam, y a otros tóxicos que se habían descartado por su alta peligrosidad. Varios estudios científicos (Alemania, Austria, Argentina) mostraron que el glifosato –el tóxico más usado con transgénicos– ha contaminado aguas subterráneas y agua potable, encontraron residuos en la placenta de mujeres embarazadas y en orina de habitantes de ciudades europeas, se lo vincuó a la enfermedad de Parkinson, a disminución de testosterona, a enfermedades gastrointestinales en ganado que consume forrajes transgénicos, a deformación de larvas de anfibios y deformaciones congénitas en humanos.


También puede ser de interés este video (posteado también en el artículo mencionado) Tiene casi 2 horas de duración...habrá que tener un buen café al lado para escucharlo todo...